CONSEJOS

PARA NARRADORES

y otros insultos

 Cuando uno empieza a escribir un guión siente el temor de quedarse corto, de no decir lo necesario, y entonces hace hablar de más a los personajes. Después, cuando la historia se encauza y uno comprueba que ha dicho lo que tenía que decir, uno debiera imponerse la tarea de revisar los diálogos, pero lo cierto es que no lo hace, ya sea por pereza o porque se ha engolosinado con ellos, y el resultado es que quedan largos. Y explicativos, por lo general. Es una suerte darse cuenta y poder corregirlos a  tiempo.

... ... ...

Si explico una metáfora, la seco. Hay que comunicar una atmósfera, una sensación, una sospecha que permita entender el fondo de la cuestión. Las explicaciones sobran.

De La bendita manía de contar de Gabriel García Márquez

 

STAN & LASQUI NOS DICEN

Fragmentos de La construcción del personaje

de Constantin Stanislavski

 

He llegado a la conclusión de que antes de aprender a situar los acentos deben ustedes aprender a eliminarlos", comenzó Tortsov.

"Los principiantes exageran siempre en su desempeño por hablar bien. Aplican erróneamente la acentuación. En contrapartida deberían aprender a eliminar los acentos cuando no se necesitan. Ya he dicho que esto es un arte en sí, y un arte difícil. Este arte permite en primer lugar liberar al lenguaje de la acentuación incorrecta incrustada en él por los malos hábitos. Una vez eliminada es más fácil determinar el acento adecuado. En segundo lugar este arte de eliminación será una gran ayuda práctica en ciertos casos, como, por ejemplo, cuando se trata de pensamientos vitales o hechos complicados. En aras de la claridad los actores se ven obligados a menudo a contar episodios tangenciales, detalles oscuros, pero importantes para la obra; sin embrago, tienen que hacerlo de tal forma que la atención de los espectadores no se distraiga del hilo principal de la historia. Cualquier clase de comentario debe presentarse de una forma clara y escueta, sin rellenos excesivos. En este caso es aconsejable ahorrar las inflexiones y los acentos. En otras ocasiones, cuando se trata de frases largas y de peso, deben enfatizarse sólo algunas palabras aisladas y dejar que las otras vayan pasando con claridad, pero sin llamar la atención. De esta forma un texto un texto difícil se ve aligerado por la forma de hablar, una tarea que los actores deben efectuar a menudo.

En todos estos casos el arte de eliminar acentos les servirá de gran ayuda.

….

Las palabras, y la forma de decirlas, son más patentes en escena que en la vida corriente. En la mayor parte de los teatros se exige a los actores que sean capaces de repetir el texto de unn manera aceptable. Pero incluso esto se hace de una forma rutinaria y negligente.

Hay muchas razones para ello, y la primera es que en la vida corriente se suele decir lo que se está obligado a decir o lo que se quiere decir, con una intención, para lograr algo, por necesidad o para realizar una acción verbal fructífera y con un sentido. Sucede con cierta frecuencia que incluso cuando se charla sin prestar mucha atención a las palabras, esas palabras se siguen utilizando por alguna razón: para pasar el tiempo rápidamente, para distraerse, etc.

En escena es diferente. Allí lo normal es decir el texto de otro, el autor, y a menudo ese texto no coincide con nuestras necesidades y deseos.

Además, en la vida corriente hablamos de cosas que de verdad vemos o tenemos en la cabeza, cosas que de verdad existen. En escena tenemos que hablar de cosas que no vemos, ni sentimos, y en las que no pensamos nosotros mismos, sino que corresponden al pensamiento de nuestros personajes imaginarios.

En la vida corriente sabemos cómo escuchar, porque estamos interesados en algo o necesitamos escucharlo. En escena lo único que hacemos en la mayoría de los casos es fingir que estamos escuchando con atención. No sentimos ninguna necesidad práctica de penetrar en los pensamientos y palabras de nuestro compañero. Tenemos que obligarnos a hacerlo. Y ese obligarse termina en exageración, rutina y cliché.

La construcción del personaje

de Constantin Stanislavski 

La repetición de los mismos efectos fonéticos convierte esos efectos en algo molesto, parecido a la monotonía de un empapelado de pared con un motivo demasiado chillón.

En escena hay que manejar los medios de expresión de una forma diferente, no en estado bruto, sino en función de un propósito determinado.

Una pausa para respirar me da tiempo a repasar mis imágenes mentales..., a realizarlas a través de mis movimientos, expresiones faciales, emisión de radiaciones...

Pero no debo caer en la pura técnica.

Debo concentrar el pensamiento en mi tarea inmediata: tengo que conseguir a toda costa que vean ustedes las imágenes de mi mente.

La construcción del personaje , de Constantin Stanislavski

La prisa, el nerviosismo, el balbuceo de palabras, el vómito de frases enteras, no las atenúa, simplemente las destruye. Y eso es ajeno a nuestras intenciones. El nerviosismo por parte del que habla no hace más que incomodar a los oyentes, la pronunciación borrosa les irrita porque les obliga a esforzarse y adivinar las cosas que no entienden. Todo esto atrae la atención de los que escuchan y subraya precisamente la parte del texto que se intentaba atenuar. Todo ese trapicheo confiere pesadez al lenguaje. La calma y el control le dan ligereza. Para aplicar el pedal suave a una frase se necesita una inflexión deliberadamente desprovista de adornos, una falta casi completa de acentuación, una seguridad y un control excepcionales.

Esto inspirará calma en quienes le escuchen.

Hay que realzar claramente la palabra clave y luego añadir con suavidad, con precisión, conscientemente, lo que sea necesario para la comprensión general de la frase, pero sin énfasis. En esto está basado el arte de la no acentuación. Adquirirán ustedes este control del lenguaje a través de ejercicios prácticos en clase.

Fragmento de La construcción del personaje

de Constantin Stanislavski.

Tortsov empezó pidiendo a Paul que recitara algo, pero como no sabía nada de memoria el director dijo:"En ese caso suba al escenario y diga alguna frase o invente una pequeña historia, como, por ejemplo: Vengo de ver a Ivan Ivanovich. Está en una situación lamentable; le ha dejado su mujer. Tuve que ir a ver a Peter Petrovich para contarle lo que ha sucedido y rogarle que me ayude a consolar al pobre hombre."

Paul dijo las frases, pero no produjo con ellas una impresión satisfactoria; entonces explicó Tortsov:

"No me he creído ni una palabra de lo que usted ha dicho, ni he llegado a comprender qué es lo que quería usted expresar con esas palabras que no eran suyas.

Pero ¿cómo iba usted a poder expresarlo sinceramente sin la base de las circunstancias imaginarias? Lo primero que tenía que haber hecho era conocerlos y forjar una imagen mental de ellos. Pero ni ve ni sabe qué es lo que sugieren esas palabras que yo le proporcioné sobre Ivan Ivanovich y Peter Petrovich. Tiene usted que imaginar alguna base para las palabras como justificación para decirlas. Tiene además que intentar formarse una imagen clara de lo que sugiere su imaginación.

Cuando haya usted cumplido con todo eso, las palabras de otra persona se convertirán en suyas propias, exactamente las palabras que necesita, y sabrá muy bien cómo es Ivan Ivanovich, abandonado por su mujer, cómo es Peter Petrovich, dónde y cómo viven, cuál es la relación entre ellos. Entonces serán gente real para usted. No se olvide de hacer un cuidadoso repaso mental del apartamento, la disposición de las habitaciones, los muebles, los pequeños objetos esparcidos por allí. Tendrá también que hacer un viaje a casa de Ivan Ivanovich, de allí a la de Peter Petrovich, y de allí de vuelta al sitio donde habrá de contar la historia.

Mientras tanto debe ver las calles por las que pase, los portales de las casas a las que entre. En resumen, tiene que inventar toda una película de imágenes mentales, un subtexto continuo, que consistirá en toda clase de escenarios y circunstancias en las que se desarrolla la tragedia doméstica de Ivan Ivanovich, de las palabras que le han sido dadas para que repita. Esas imágenes mentales crearán un estado de ánimo, y ello a su vez producirá sentimientos en usted. Es sabido que fuera del escenario todas estas cosas nos las proporciona la vida, pero en escena es el actor quien tiene que aportar las circunstancias.

No se hace esto en nombre del realismo, del naturalismo, o de por sí, sino porque es una exigencia de nuestras propias naturalezas creadoras y de nuestro subconsciente. Y para ellos debemos disponer de una verdad, aunque sólo sea la verdad de la imaginación, en la que puedan creer, dentro de la que puedan vivir..."

Después de haber inventado aquellas reproducciones necesarias, Paul repitió las frases que se le habían dado como pie, y a mí me pareció que aquella vez obtuvo mejores resultados.

Pero Tortsov seguía sin estar satisfecho de él, y explicó que Paul no tenía un punto central en el que concentrar las imágenes que había en el interior de su mente, y que sin él no podían emitirse las frases de manera que el oyente creyera en su realidad e inevitabilidad.

Para ayudar a Paul, Tortsov mandó a María que subiera al escenario para actuar como catalizador, y dijo a Paul:

"Preocúpese de que el objeto de su atención no sólo oiga y comprenda el significado de sus palabras, sino que también vez en el ojo de su mente lo mismo que usted, mientras usted le habla."

La construcción del personaje de

Constantin Stanislavski

inicio 

Supongamos que en una obra cuidadosamente preparada un actor, ya sea por pereza, por descuido o por falta de atención, se aleje tanto de la verdadera forma de hacer su personaje que actúe de una manera mecánica y rutinaria. ¿Tiene derecho a hacer esto? Después de todo no es él el único que ha puesto en pie la obra, no se debe a él exclusivamente el trabajo que se ha invertido en ella. En un empeño así uno trabaja para todos y todos para uno. Ha de existir una responsabilidad mutua, y cualquiera que no corresponda a esa confianza debe ser considerado como traidor.

A pesar de mi admiración, no pequeña, por los grandes talentos individuales, estoy en contra del sistema de las "figuras". El esfuerzo creador colectivo es la raíz de nuestro arte. Esto exige actuar en conjunto, y quien queira que dañe al conjunto está delinquiendo no sólo contra sus compañeros sino contra el arte mismo al que sirve.

de Hacia una ética teatral

de Constantin Stanislavski

inicio 

 

Peter Brook

Un cuerpo sin entrenar es como un instrumento musical desafinado, donde la caja de resonancia está llena de una algarabía confusa y desagradable de sonidos inútiles que impiden escuchar la auténtica melodía. Cuando el instrumento del actor, su cuerpo, se afina mediante ejercicios, las tensiones y costumbres perniciosas desaparecen. Entonces está preparado para abrirse a las posibilidades ilimitadas del vacío. Pero ha de pagar un precio: frente a ese vacío desconocido hay, naturalmente, miedo. Aunque se tenga una larga experiencia como actor, cada vez que uno empieza de nuevo, cuando se encuentra al borde de la alfombra, reaparece ese miedo al vacío dentro de uno mismo y al vacío en el espacio. Enseguida trata de llenarlo para disipar el miedo, para tener algo que decir o hacer. Se necesita una auténtica confianza para quedarse sentado inmóvil o guardar silencio. Una gran parte de nuestras manifestaciones excesivas e innecesarias son el resultado del terror a no seguir estando ahí si no demostramos de alguna manera que existimos todo el tiempo. Éste es un problema grave de por sí en la vida diaria; hay momentos en que nos subiríamos por las paredes por culpa de personas nerviosas o sobreexcitadas. Pero en el teatro, donde todas las energías deben converger en un mismo fin, la capacidad de reconocer que uno puede estar totalmente "ahí", sin "hacer" nada en apariencia, es de una importancia suprema. Es importante para todos los actores reconocer e identificar tales obstáculos, que en este caso son naturales y legítimos. Si interrogáramos a un actor japonés sobre su forma de actuar, admitiría que se ha enfrentado con esta barrera y la ha superado. Una buena interpretación de ese actor japonés no es el resultado de una composición mental previa, sino de haber creado un vacío libre de miedos en su interior.

Fragmento de La puerta abierta de Peter Brook

inicio 

En Inglaterra, país que nunca había tenido un teatro nacional, se de cidió finalmente, y por extrañas razones de orgullo patriotico, que debía construirse uno. Y así fue como me formando parte de un comité responsable de controlar los proyectos arquitectónicos. En nuestras primera reuniones se plantaron preguntas como las siguientes: "¿Cuál es el ángulo ideal para el emplazamiento de las butacas?". Mi respuesta fue: "No pierdan tiempo haciendo planos del teatro; olvídense un poco de las matemáticas, de los tableros de dibujo. Mejor, dediquen tres o cuatro meses a establecer contacto con la gente de las más diversas ocupaciones. Síganlos, obsérvenlos en la calle, en los restaurantes, en medio de alguna discusión. Sean pragmáticos; siéntense en el suelo y miren hacia arriba; suban los más alto que puedan y miren hacia abajo, pónganse de espaldas a la gente, en medio de la gente, frente a la gente. Y entonces sí, saquen sus conclusione

De Más allá del espacio vacío

de Peter Brook

inicio 

 

Cualquiera que esté al tanto de los éxitos que se producen cada año, observará un fenómeno muy curioso. Se espera que el llamado éxito sea más vivo, ligero y brillante que el fracaso, pero no siempre se da ese caso. Casi todas las temporadas, en la mayoría de las ciudades amantes del teatro, se produce un gran éxito que desafía estas reglas: una obra que triunfa no a pesar sino debido a su monotonía. Después de todo, uno asocia la cultura con un cierto sentido del deber, así como los trajes de época y los largos discursos con la sensación de aburrimiento; por lo tanto, y a la inversa, un adecuado grado de aburrimiento supone una tranquilizadora garantía de acontecimiento digno de mérito. Naturalmente, la dosificación es tan sutil que resulta imposible establecer la fórmula exacta: si es excesiva, el público se marcha; si resulta insuficiente, puede encontrar el tema desagradablemente intenso. Sin embargo, los autores mediocres parecen hallar de manera infalible la mezcla perfecta, y así perpetúan el teatro mortal con insulsos éxitos, universalmente elogiados. El público busca en el teatro algo que pueda calificar como "mejor" que la vida y por dicha razón está predispuesto a confundir la cultura, o los adornos de la cultura, con algo que no conoce aunque oscuramente siente que podría existir, y así, trágicamente, al convertir algo malo en éxito lo único que hace es engañarse.

Arte y técnica del teatro de Peter Brook

 

La verdad es que no sabemos cómo celebrar, ya que no sabemos qué celebrar. Lo único que sabemos es el resultado final: conocemos y gustamos de la sensación y el clamor de lo celebrado mediante el aplauso, y ahí nos quedamos. Olvidamos que hay dos disponibles puntos culminantes en una experiencia teatral: el de la celebración, con el estallido de nuestra participación en forma de vítores, bravos y batir de manos, o, también, en el extremo opuesto, el del silencio, otra forma de reconocimiento y apreciación en una experiencia compartida. Hemos olvidado por ompleto el silencio, incluso nos molesta; aplaudimos mecánicamente porque no sabemos qué otra cosa hacer y desconocemos que también el silencio está permitido, que también el silencio es bueno.

Arte y técnica del teatro de Peter Brook

 

Qué queda al terminar una representación? Se olvida el entretenimiento, desaparece también la emoción fuerte y el argumento

pierde su hilván. Cuando emoción y argumento se enjaezan al deseo del público de verse con mayor claridad, algo se fija entonces en la mente. El acontecimiento marca en la memoria un contorno, un gusto, una huella, un olor, una imagen. Lo que queda es la imagen central de la obra, su silueta, y, si los elementos están rectamente mezclados, dicha silueta será su significado, la esencia de lo que ha de decir. Cuando pasados los años pienso en alguna sorprendente experiencia teatral, encuentro un meollo grabado en mi memoria: dos vagabundos bajo un árbol, una vieja arrastrando una carreta, un sargento bailando, tres personas sentadas en un sofá en el infierno, y, de vez en cuando, una señal más profunda que cualquier imagen. No tengo la menor esperanza de recordar con precisión los significados, pero a partir de ese núcleo reconstruyo una serie de ellos. Un propósito se habrá cumplido. Unas pocas horas podrían modificar mi forma de pensar para siempre. Esto es casi imposible de lograr, aunque no ha de rechazarse por completo.

 

Arte y técnica del teatro de Peter Brook

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Conversaciones con Lee Strasberg

Un actor es "real" en el sentido técnico de la palabra cuando su reacción manifiesta ni excede ni se queda corta de impulso imaginativo. Sin embargo, este hombre se enfrenta con el problema adicional de llegar a ser "real" en el sentido de crear el personaje, la situación y el acontecimiento que el dramaturgo ha concebido y demanda de él. La dificultad de ser realmente natural reside en que, mientras que le permite ser real en el sentido técnico, no hace nada para enfrentarse con las demandas de la obra. En ese sentido, la naturalidad es irreal e inexacta.

A veces, la misma obra puede tan absurda en términos de una experiencia común, que lo que el actor está haciendo puede parecer un tanto adulterado. Suele ser difícil discernir si un actor está haciendo un buen trabajo en una obra mala, o si una buena obra está siendo estropeada por una mala actuación. Ha habido muchas ocasiones de obras tontas por naturaleza a las que se les dio vida por medio de una buena actuación, hasta tal extremo que el público creyó que, en realidad, estaba viendo una buena y auténtica obra. Pero si una buena actuación puede hacer eso por una mala obra, las buenas deben ser tratadas a niveles bastante más elevados del de estar simplemente cómodo y ser natural.

El método del Actors Studio de Robert H. Hethmon

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Vakhtangov ha descrito la memoria afectiva como básica para un entendimiento de todo el proceso de la realidad que se plantea en una actuación. Se suele creer que tal realidad supone que el actor dice algo así como: "Pegadme. Vamos, pegadme para que me enfade con vosotros. De veras, hacedme algo para que mi reacción sea real." Pero esto no es actuar. Todos reaccionamos cuando nos hieren; eso es depender de una emoción real, y en el escenario no se puede depender de emociones reales, porque varían. El propio actor ni siquiera sabe lo que son. Vakhtangov decía: "En arte nunca usamos una emoción real, es decir, literal; sólo la emoción que viene del recuerdo afectivo, sólo emoción recordada." Este tipo de emoción es el único que puede ser controlado. Las cosas emocionales que se usan en el tinglado del teatro son susceptibles de ser recordadas, porque así se ofrece un modo de repetirlas. Evitan que la actuación sea accidental. La e

El Método del Actor Studio de Robert H. Hethmon,

conversaciones con Lee Strasberg.

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LEER PARA OTROS

Alberto Manguel

Durante el acto de leer (de interpretar, de recitar), la posesión de un libro adquiría a veces valor de talismán. En el norte de Francia, incluso en el día de hoy, los cuentistas pueblerinos utilizan libros a modo de accesorios teatrales; memorizan el texto, pero añaden autoridad a lo que cuentan fingiendo leer el libro, incluso aunque lo estén sosteniendo del revés. Hay algo ligado a la posesión de un libro –un objeto que puede encerrar infinitas fábulas, máximas, crónicas de tiempos pasados, anécdotas divertidas y revelación divina- que confiere al lector el poder de crear una historia y transmite al oyente la sensación de estar presente en el momento de su creación. Lo que importa en esas recitaciones es que el momento de leer se recree plenamente –es decir, con un lector, un público y un libro-, porque, de lo contrario, la actuación no sería completa.

En tiempos de san Benito se consideraba que escuchar a un lector era un ejercicio espiritual; en siglos ulteriores esa elevada finalidad podía utilizarse para ocultar otros propósitos menos correctos. Así por ejemplo, a comienzo s del siglo XIX, cuando en Gran Bretaña todavía se rechazaba la idea de una mujer erudita, escuchar a un lector se convirtió en una de las maneras de estudiar socialmente aceptadas. La novelista Harriet Martineau se lamentaba en su Memoria autobiográfica, publicada póstumamente en 1876, de que "en sus años de juventud no era correcto que una señorita estudiara a la vista de todos; se contaba con que cosiera en el salón, mientras escuchaba la lectura de un libro, preparada para recibir visitas. Cuando éstas aparecían, con frecuencia se pasaba a hablar con toda naturalidad del libro que acababa de cerrarse, por lo que había de elegirse con gran cuidado, para evitar que visitantes escandalizados relataran en hogares sucesivos la deplorable relajación mostrada por la familia que acababan de abandonar".

Por otra parte, también es posible leer en voz alta para provocar esa relajación moral tan lamentada. En 1781, Diderot escribió humorísticamente sobre la "cura" de Nanette, su intolerante esposa, decidida a no tocar nunca un libro que no contuviera algo espiritualmente elevado, por el procedimiento de someterla durante varias semanas a una dieta de literatura vulgar o indecente. "Me he convertido en su lector. Le administro tres dosis de Gil Blas todos los días: una por la mañana, otra después de comer y la tercera por la noche. Cuando terminemos con Gil Blas pasaremos a El diablo cojuelo, El bachiller de Salamanca y otras obras alentadoras de la misma clase. Unos cuantos años y varios centenares de lecturas parecidas completarán el tratamiento. Si estuviera seguro del éxito, no me quejaría del esfuerzo. Lo que me divierte es que ofrece a todos los que la visitan una repetición de lo que acabo de leerle, con lo que la conversación duplica el efecto del remedio. Siempre había calificado las novelas de producciones frívolas, pero he acabo por descubrir que son buenas para tratar los vapores procedentes de los humores malsanos. La próxima vez que vea al doctor Tronchin le daré la receta."

 

Una historia de la lectura, Alberto Manguel

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EL TONO VOCAL Y SUS PROPIEDADES

El elemento básico en el efecto musical consiste, como ya se ha observado, en el tono; el tono, especialmente el tono vocal, mueve al oyente con peculiar fuerza, porque está conectado de modo íntimo con cada parte de la vida consciente de un hombre. La función primaria del oído es mantener al organismo humano ajustado a su ambiente. El doctor James L. Mursell dice en The Psychology of Music: "Las conexiones nerviosas del oído tienen especial y directa importancia para dar el sentido del equilibrio, de arriba y abajo, de la dirección, de lo que dependen los movimientos controlados del cuerpo. Así, la música es un arte que emplea un medio –la experiencia acústica – asociado de manera única e íntima con nuestra sensación del movimiento y control del cuerpo."

El tono actúa directamente sobre los mecanismos nerviosos, despertando en el oyente una amplia gama de sentimientos respecto de lo que lo rodea. Los tonos altos e intensos tienden a producir un sentimiento de alarma, de peligro, de excitación general, mientras que los tonos bajos y suaves son calmantes, tranquilizadores, y hasta pueden hacernos dormir. Dice el Doctor Mursell: "La experiencia acústica está estrechamente asociada con las reacciones emocionales e instintivas en toda la vida animal. Es el gran medio por el cual manifiestan los anuncios, los estímulos, los halagos y las provocaciones. Y nosotros, como seres humanos, indudablemente, compartimos esta herencia".

Discutiendo los efectos de la música en Art as Experience, John Dewey hace la misma observación respecto de la influencia emocional y física del tono. "El sonido –dice – es el transmisor de lo que está pendiente, de lo que ocurre en cuanto indicación de lo que puede ocurrir. Está más penetrado que la visión por el sentido de las finalidades". El sonido, idealizado en el tono musical, es el agente más directo de los sentimientos de expectación y realización, del sentido de adecuación al ambiente.

Como ya se ha sugerido, los tonos más profundamente conmovedores son los que produce el instrumento vocal humano. La causa de esto tiene que ver con algo más profundo que las meras cualidades del tono físico. El tono humano, en contraste con el tono del violín o del órgano, lleva en el fondo de sí mismo el sonido de un cuerpo en movimiento. El agente fundamental en el aparato de transmisión es el diafragma. Este órgano misterioso, y aún poco entendido, desempeña un papel de suma importancia en la experiencia humana, además de su función evidente como parte del aparato respiratorio.

"El diafragma y sus asociados, tanto nerviosos como musculares, penetran en las intimidades más profundas del individuo" escribe Mabel Todd en The Thinking Body. El diafragma "tiene vínculos con todas las funciones vitales, desde las psíquicas hasta las morfológicas, y dentro del mecanismo nervioso envía ramificaciones hasta los puntos más remotos de la esfera vital". El oyente percibe en los tonos cambiantes de las palabras de otro individuo la actividad cambiante de su diafragma, y por medio de esto se pone en profundo contacto con el movimiento general del sistema nervioso y muscular del que habla. No es necesario mirar a un hombre para saber si está derecho o reclinado, si está quieto, si se mueve con lentitud o rapidez, si su actitud es tensa o sosegrada, si sonríe o tiembla de ira, miedo u odio. Cada estado corporal se refleja en el tono del discurso.

Algunas de las observaciones formuladas en estas páginas en cuanto a las propiedades de la voz humana, se aplican asimismo al discurso no musical y al musical. Pero si quieren apreciarse los efectos expresivos y estimuladores en su punto culminante, tenemos que buscarlos en el plano del tono. El discurso ruidoso es francamente limitado en sus valores de eficacia. Por una parte, su gama expresiva es en extremo estrecha y, por otra, al suscitar un movimiento de rechazo en el oído del oyente, hace imposible la percepción auditiva. "Produce cansancio, aumenta la tensión, rebaja el nivel de las funciones mentales y físicas de casi todos los tipos y, en general, conspira en contra de un funcionamiento eficiente". Sin embargo, como ya se ha dicho, el tono actúa en la forma directamente opuesta sobre el oyente. Estimula los procesos orgánicos, reduce la fatiga y suscita la atención.

Puede decirse que el discurso dramático alcanza, pues, el nivel de la elocuencia auténtica solo cuando se acerca a la música, cuando "canta". En el tono, palpitante de vida sensorial y lleno de melodías y ritmos, residen tal vez los fundamentos del hombre como ser dinámico: sus deseos, sus sueños, sus incesantes esfuerzos para adecuar sus inquietudes a las presencias que lo rodean.

Desarrollo profesional de la voz

de Marcelo Ruiz Lugo y Fidel Monroy Bautista

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 DELIMITACIÓN DE LOS CUENTOS MARAVILLOSOS

 La denominación "cuentos maravillosos" vamos a aplicarla a los cuentos cuya estructura he estudiado en mi libro Morfología del cuento. En él se delimita con bastante exactitud el género de cuentos que comienza con una dis-minución o un daño cau-sado a alguien (rapto, expulsión del hogar, etc.), o bien con el deseo de poseer algo (el rey envía a su hijo a buscar el pájaro de fuego) y se desarrolla a través de la partida del protagonista del hogar paterno, el encuentro con un donante que le ofrece un instrumento encantado o un ayudante por medio del cual halla el objeto de su búsqueda. Más adelante, el cuento presenta un duelo con el adversario (la forma principal es el duelo con la serpiente), el regreso y la persecución. Con frecuencia, esta composición presenta determinadas complicaciones. El protagonista ya ha regresado a su hogar, sus hermanos le arrojan a un precipicio. Más adelante reaparece, se somete a una prueba llevando a cabo actos difíciles, sube al trono y contrae matrimonio, en su propio reino o en el de su suegro. Esta es la breve exposición esquemática del eje de la composición que constituye la base de muchos y variados temas. Los cuentos que respetan este esquema serán denominados en el presente libro "cuentos maravillosos" y constituyen el objeto de nuestra investigación.

 Raíces históricas del cuento, Vladimir Propp

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CONSEJOS PARA UN BUEN AMOR

Lic. Estela V.Claro

A veces fue un amor a primera vista. Otras requirió intimar largo tiempo para descubrir sus méritos y posibilidades. Otras se lo buscó volviendo por los caminos que alguna vez nos dieron satisfacciones. A veces se lo encontró en una mesa de saldos donde nadie lo supo descubrir. A veces llegó luego de ser desechado por una amiga o enemiga. Alguna vez una música, una frase lo trajo confuso a la memoria y fuimos a buscarlo. También las más prágmaticas lo buscamos donde sabemos que se juntan los que menos trabajo nos darán. Otras se apasionan con lo dificil, lo rebelde, con la secreta esperanza de ser la única que lo domestique. A veces los buscamos por los diarios, otras en los lugares que suelen frecuentar (pero aquí. bien, o no tan bien, están seguramnete acompañados). Lo que más dificil resulta es salir a buscarlo con un mandato o un identikit: alto,rubio y con un zapato negro. Encontramos morochos, petizos, en zapatillas que nos gustaron pero nos dijimos : dejemoslos para otra oportunidad.

Pero en cualquier caso para continuar más allá algo tuvo que chispear, o al menos creernos que chispeo. Algo tuvo que conmovernos o provocarnos una sonrisa, una cosquilla, el deseo de exhibirlo. Entonces intentamos resolverle sus problemas, sus torturas, superar las desinteligencias, rearmarlo a nuestro gusto, hacerlo presentable, confiar y saber que nos podemos apoyar en él. Algunos son más resistentes, retobados y tal vez queden, o quedemos, en el camino. Algunos son dóciles, adaptables, acompañan y se dejan acompañar, con esos seguramente nos veran del brazo más de una vez. Pero todos un día, por conocidos y previsibles, se transformarán en aburiidos y seguiran su camino.

Y nuevamente la busqueda. Algunas afortunadas tienen ya varios preparados en las gateras. Otras, tambien afortunadas, volveran a viejos amores o, con coraje, arrancaran como adolescentes con lo que primero se les cruce. Pero igual la busqueda está presente siempre. Para reemplazar lo agotado, lo que no fue o simplemente para "el semillero".

Una vía rápida es ver alguno, ya preparadito, resuelto, sin traumas, con el trabajo ya hecho. Y contarlo.

Eso si, no es de buena gente.

Lic. Estela V.Claro

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Acerca de la titulación

¡Ay, ay, ay mis queridos! Debo reconocer que en mis aportes a la formación de narradores oralisimos he descuidado o se me ha chispoteado un tema: tema que por su intrinsequidad y funcionalismo merece ponerse en mayúsculas: LA TITULACION, que viene a ser como llamaremos, identificaremos, nombraremos a la vaina que hagamos.

¿Es que lo subestimáis? ¿Es que a la hora de tener que hacerlo la creatividad o el gusto se ha gastado en las otras demandas de la narración?

Variantes del estilo de CREPUSCULO DE CUENTOS, CUENTOS CREPUSCULARES, CUENTOS PARA EL BIDET, CUENTOS EN EL SUBTE, CUENTOS OLVIDADOS PERO NO HACE MUCHO RECORDADOS MIENTRAS TOMABAMOS MATE AMARGO, GABY, FOFO Y MILIQUI TE CUENTAN, CUENTOS EN PANTUFLAS, ANDA QUE TE CUENTE LOLA CUENTOS DE LA CACEROLA, CACEROLA DE CUENTOS sobreabundan. Y son redundancias que no se notan si vienen de uno en uno pero sí cuando aparecen todos juntos.

Tratad de evitar alguna vez la palabra "cuento". Diréis ¿pero si de eso se trata, por qué no utilizarla? Las peliculas son cine y no por eso lo andan diciendo a cada rato. Rehuid lo remanido. Estrujad las croquetas. No en vano un buen "titulero" vale tanto en un diario.

Finalmente os ruego no tomar ninguno de los títulos con los que ejenplifique. Los tengo registrados.

Lic. Estela V. Claro

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