CUENTOS AL DIA  Buenos  Aires

Periodico de narración oral

 

Número  124  /  abril 2011 / Año  12

Fundado por Marta Lorente y José Campanari

Dirección Marta Lorente

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¿Cuando cae?

 

Cada año nos preguntamos cuánto se adelantará o retrasará la Semana Santa. ¿Por qué siempre hay luna llena en Semana Santa? La razón de su ubicación en el calendario se justifica por motivos históricos, religiosos,… y astronómicos. Lo único seguro, en cualquier año, es que entrada el otoño (21 de marzo), la Pascua será el primer domingo tras la luna llena.


Cuenta la historia, que la noche en la que el pueblo judío salió de Egipto, había luna llena y eso les permitió prescindir de las lámparas para que no les descubrieran los soldados del faraón.

 

Los judíos celebran este acontecimiento cada año en la pascua judía o "Pesaj", que siempre concuerda con una noche de luna llena, en recuerdo de los israelitas que huyeron de Egipto pasando por el Mar Rojo.

 

Podemos estar seguros, por lo tanto, de que el primer Jueves Santo de la historia, cuando Jesús celebraba la Pascua judía con su discípulos, era una noche de luna llena.

 

Por eso, la Iglesia fija el Jueves Santo en la luna llena que se presenta entre el mes de marzo y abril y tomando esta fecha como centro del Año litúrgico, las demás fechas se mueven en relación a esta y hay algunas fiestas que varían de fecha una o dos semanas.

 

En el mundo occidental, el calendario vigente se basa en la liturgia cristiana, que celebra la Pascua, en memoria de la resurrección de Jesucristo. La última cena, el jueves santo según los cuatro evangelios, los apóstoles celebraron con su Maestro la “Pascua Judía”, conmemorando el éxodo de los israelitas de Egipto, conducidos por Moisés a través del mar Rojo. Según el judaísmo, los hebreos deben renovar cada año esta celebración el día 15 del mes de Nisan, que empieza con la primera luna nueva de primavera: es decir, el primer plenilunio de primavera, con independencia del día de la semana.


El cristianismo, a través de los siglos fue unificando la fecha de su Pascua, no sin diferencias internas entre sus iglesias, porque en Asia Menor hasta el siglo V los denominados cuartodecimanos mantuvieron la coincidencia exacta de fecha con los judíos., con lo cual no siempre caia en domingo.

 

Los cuartodecimanos y otros muchos cristianos seguían el cómputo judío, mientras que al resto le parecía que los judíos no observaban el equinoccio y les acusaban de celebrar su pascua demasiado pronto. Los cristianos que seguían el cómputo judío, sin preocuparse de su exactitud, fueron denominados Protopasquistas, por el adelanto de la fecha de la Pascua, que bien podía caer antes del 21 de marzo.

 

Roma paulatinamente impuso que la Pascua fuese en domingo, y además el progreso en astronomía detectó el movimiento de precesión, con el consiguiente retraso de 50 segundos por año en la entrada de los equinoccios. El cómputo judío se guiaba por la constelación de Aries, adelanndose la fecha sin esperar a la observación del equinoccio (misma duración del día y de la noche).

 

Apues, al inicio del siglo IV había protopasquistas, que prescindían del equinoccio y seguían el cálculo judío, y equinoccialistas; pero incluso dentro de éstos, los romanos tomaban como referencia del equinoccio el 18 de marzo y los alejandrinos el 21. El concilio de Arlés del año 314 ordenó en su primer canon que la Pascua se celebrase en todas partes el mismo día, pero hubo de esperarse hasta el Concilio de Nicea en 325 para solventar la cuestión.


Convocado por el emperador Constantino, que todavía no era cristiano, el Concilio se destinó a combatir la herejía arriana, pero también fijó la fecha de la Pascua instituyendo:

·          que sería en domingo,

·          tras el equinoccio real (olvidándose de la entrada en Aries),

·          y que jamás coincidiría con la pascua judía, por lo que si caía en plenilunio se retrasaría al domingo siguiente.

 

Quedó fijada la superioridad en Astronomía de Alejandría, y se decretó que su iglesia comunicase a Roma el día de la Pascua, para ser transmitida a toda la cristiandad.

Todavía perdurarían las discrepancias astronómicas, hasta que en 525 el respetado cronologista Dionisio el Exiguo convenció a los romanos de las ventajas del cómputo alejandrino


Apues el Domingo de Pascua acontece en un paréntesis de 35 días, entre el 22 de marzo y el 25 de abril, ambos inclusive.

 

Las fechas de Pascua se repiten en idéntica sucesión en un periodo de 5.700.000 años y en ese intervalo de tiempo la fecha más frecuente es el 19 de Abril, si bien la mayoría de las veces, la Semana Santa cae durante la primera o segunda semana de Abril.

 

Pero en Buenos Aires lo importante es que esta, el fin de semana largo por excelencia, ahora sera uno más, el tercero luego de carnavales y el dia de la memoria.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El huevo de pascua

La tradición de regalar huevos de Pascua viene de hace muchísimos siglos, más de lo que te puedas imaginar. Todo es debido a que los cristianos que seguían el ayuno cuaresmal, no podían comer huevos ni tampoco productos lácteos.

La llegada de la Pascua suponía el levantamiento de la norma y el fervor por los huevos se desataba, tanto en la cocina como en los regalos entre familiares, amigos y sirvientes. Suponía desquitarse de la penitencia impuesta durante cuarenta y seis días.

Era el festín del huevo porque éste representaba el regocijo y la vuelta a la alegría. Como la conservación de los huevos durante la cuaresma era problemática -no había frigoríficos-, lo habitual era bañarlos en cera líquida. Así, la fina capa protectora que los cubría permitía mantenerlos más frescos. De ahí vino la costumbre de colorearlos y decorarlos con ceras.

Con el tiempo, la Iglesia levantó el veto al huevo, pero eso no impidió la costumbre de celebrar la Pascua consumiéndolos y regalándolos. Costumbre que ha perdurado hasta hoy, y con mayor auge en los países del Este y en Centroeuropa.

También los huevos en muchas culturas han significa "vida" y "fertilidad" y en la antigua Roma se regalaban en los festivales de primavera.

Si tenemos que buscar un simbolismo cristiano al huevo, este puede ser el del principio del universo y de la creación, el sentido de una "vida nueva", tal como indica la Pascua. Una vida nueva que nos la da el Jesucristo resucitado.

¿Y que pinta el conejo con todo esto?. resulta que el conejo es el que trae los huevos de Pascua. Los padres esconden los huevos en el jardín y a primera hora de la mañana del domingo invitan a sus hijos pequeños para que salgan a encontrarlos. ¿Quien ha puesto allí los huevos?, el conejito!.

Para que nos entendamos, el conejo es como el Papá Noel o los Reyes Magos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El contador de cuentos

 

por Ana Pelegrin

El contador de cuentos tiene un lejano origen, amasado en lo colectivo. Revive cada vez que los oyentes convocan a un narrador. En su presencia tranquila, sosegada, late la fuerza de la antigua palabra.

 

El niño se comunica con esa fuerza del depositario y dador de antiguas viejas historias. Es curioso que, al hablar del narrador, la asociación primera es la del hombre-mujer anciano. Es decir, el que tiene un pasado, una experiencia, el que ha vivido, el que sabe. Si es un contador profesional, es un personaje que llega con historias de otros lados, o que sabe cosas antiguas, difícilmente rastreables en libros, porque su sabiduría está en su vida y en su memoria.

 

Vida vivida y memoria que analógicamente nos habla de un hombre/mujer anciano. ¿Será que lo vinculamos a la función del anciano de las culturas primeras, el que guarda la experiencia, la historia de la comunidad, en su relato?

 

¿Será que sus palabras del «hace mucho tiempo» le alejan a lo arcano, le desvinculan del tiempo, le invisten de otra edad, le unen con la imagen de los antecesores? ¿Será El que nos vincula a los Antecesores? ¿Será el desplazamiento de otra evidencia, la de la superioridad que confiere el tener la palabra verdadera, justa para los que escuchan? ¿Será que la magia de lo narrado le despoja de la edad real y nos devuelve esa imagen digna, serena, desapasionada, antigua?

 

Esa presencia, esa actitud del narrador significa que nos hace revivir el pasado, que en su voz resuenan otras voces y en ese gesto se superponen huellas de otros gestos, en esa transmisión se establece el vínculo con otros días, otros narradores, otras infancias.

 

La palabra, el tiempo, el espacio

El contar cuentos es un acto intenso, de comunicación personal. Invita al recogimiento, a concentrarse, a refugiarse. Por eso, el círculo o semicírculo, evocando el círculo alrededor del fuego, del árbol, reúne aún los elementos dispersos y primarios del núcleo inicial, cuando la historia era sentida como una parte de cada uno, una parte de todos los que se congregaban.

 

El escuchar supone un contacto con la palabra y el espacio donde esa palabra se inscribe. Este contacto tiene una forma ancestral, el narrador y el círculo, clan cerrado, espacio transformándose por la evocación de la palabra de otros espacios, tiempo dilatándose, círculos agranndose, hasta sumergirnos en el no-espacio-no-tiempo. «Palabra esencial en el tiemp, decía Antonio Machado de la poesía.

 

La narración convoca al círculo, al contacto con la tierra, la actitud sedante, expectante. Es un tiempo detenido en otro tiempo, otra realidad temporal, el illo tempore (tiempo mítico) de los latinos. Un narrador entregado a la palabra y su encantamiento, invocando a un acto ritual, que se abre en el no-espacio-tiempo con fórmulas antiguas y que insta, nos instala en otra dimensión: la de la imaginación y la palabra.

Había una vez
Érase que se era...


En este acto hay una situación de tiempo mítico que se imprime en la memoria, y remueve vivencias, sensaciones, sentimientos ancestrales.

 

«El papel esencial del narrador ha sido satisfacer el sueño humano. Nada más cercano a la poesía: ambos son desprendidos de la cultura ambiente, de la vida material y cotidiana, de la historia, del medio, de la raza. Nada más gratuito y de valor más profundamente human

Tres contadores de cuentos contados

Me pregunto si la necesidad de que lo maravilloso se instale en mi vida, la apetencia de la palabra que imante, la seducción por la poesía y por el mundo de la infancia, no son sino jirones de una fuerza que me llegó y llenó en mi niñez: la extraña magia de la tradición oral.

- I -

Recuerdo noches en que abuelos, tíos, vecinos, niños, jóvenes, viejos, poblaron mi imaginación y mi memoria de cuentos, casos, leyendas, aparecidos, sentencias, consejos, canciones, oraciones... En el tumulto de voces, colores, emociones, recuerdo la intensidad cuando la abuela, Mamitay, comenzaba el relato.

Antes de la palabra, sentados en pequeñas sillas de paja, apretados unos contra otros, había una larga pausa. Una sensación de entrega, de calor, crecía en nosotros. Ella nos miraba a todos, uno a uno le pertenecíamos, y luego aspiraba profundamente, tomaba aliento, se llenaba de hálitos, su voz se transformaba, todas las voces en su voz, alzándose o susurrando en la noche cálida del Sur; se detenía en una pausa en la que podíamos escuchar el largo lamento del cacuy, la historia de la niña convertida en pájaro, llenaba la palabra, de mundos de calofríos y palpitante temor, encontraba maravillosas llaves, ayudantes que devolvían el amor y la esperanza, o imágenes simples: zapaticos de cristal perdidos, centelleando en la escalera de un palacio imposible, en ese pueblo colonial de la América poblada de duendes, trasgos y ciudades perdidas, ciudades restallantes de El Dorado.


- II -

Muchos años después volví a revivir la seducción del que cuenta cuentos... La presencia del pncipe, el gesto majestuoso de un anciano en una plaza de Marrakech... Miró a los presentes como si no nos viera, como si nos llamara a nuestros antepasados en la memoria, describió un círculo con la mano, esperó a que los espectadores se apiñaran y comensu narración.

No entendía sus palabras, pero era evidente la exaltación del héroe, y los muchos peligros que le acontecían. Su voz era fuerte, vibrante, o débil, suplicante y doliente; el gesto dibujaba acciones, suspensos, lentos o crispados. Los ojos de los espectadores hablaban de la admiración, la maravilla. El anciano tenía el poder de las historias que custodiaba, como los poderosos leones custodian tesoros inaccesibles. Yo sentía el poder del sonido de la historia, desplegado allí en el círculo, inmersa en otra edad, en otra cultura, en otra mirada, en otro círculo, tiempo trastrocado, atardecer de 1971.

- III -

En julio de 1981 llegamos a un pueblecito de León. El calor, el polvo, el viaje, el desánimo; esa aventura de transitar por poblados, intentando recuperar la tradición oral, rebuscar, preguntar, quedarse tensos si es que la respuesta llegaba, y nos entraba con un escalofrío de emoción, remontar la esperanza cuando todo era vacío, cuando el tiempo triunfa sobre la memoria («eso era antes...; ahora ya no, ya no hilamos ni cantamos juntos, antes, era antes, si viviera la mi madre, ella sí..., yo no, ahora son otros años...»)

Esa siesta avanzábamos por la derrota, y la decisión aferrada en la obstinación: siempre podría, en cualquier momento, surgir la palabra. Tal vez en ese portal, si preguntásemos a alguna de esas mujerucas.

Pues así, sin saber cómo, llevados por el camino, y la intuición, estábamos escuchando a Rafaela Crespo, setenta y tres años, enjuta y frágil, pañuelo a la cabeza sujetando los años, fuertes manos labradoras, hiladora, anciana leonesa, sucinta y precisa, mirada inteligente y rápida.

-Aquella del conde ¿ya la sabéis? De negro, las abuelas (Basilisa, MAsunción, Laura) se van sumando al pequeño grupo, en la calle, a las puertas de una casa de adobe. El calor, de tan calor, anuncia tormenta.

Cuando llega (que llueva, que llueva), el escenario se condensa, el espacio se transforma, el tiempo no avanza. Cobijados en la casa, patio cubierto con aperos de labranza, descanso involuntario, ya no se irá a las eras, los bueyes pueden esperar, la carreta cesar sus chirridos.

Y Rafaela -La de los Peregrinos vos os las digo- sobre la lluvia, las voces de los niños, los que vienen a sumarse al corro, los comentarios, el recuerdo de cada uno, Rafaela convocando a infantas peinándose con peinecillo de oro, la caza de don Pedro, moros y cautivas, Tamar paseándose por altos corredores, y el pncipe incendiándose de amor prohibido; don Juan malito en la cama; vida, amor y muerte del romancero, incesante manantial, más allá de ese hilo de voz, saber de un pueblo que ella guarda, reserva, renueva.

La mirada atraviesa siglos y se hunde en lejanías, nos transporta a otro horizonte, espacio-tiempo suspendido. Las manos quietas en el regazo, cuerpo tensado en una inmovilidad que lo hace desaparecer, apariencia de ausencia, hieratismo casi ritual, la palabra que nos está legando, donando, que los mares pone en calma y los vientos hace amainar, olvidar el camino a los caminantes; palabra poética, mágica barca con la que atraviesas siglos, para decir la canción a quién consigo va.

 

Aquí, en esta tarde, algo ha sucedido. Un quiebro al tiempo, y érase, sí que se era, mujeres hilando, escardando lana, hombres surcados y jóvenes, hijos y nietos, cuatro buscadores de la tradición oral, escuchando ávidamente, regocijándose en el romance más antiguo.

Al contar cuentos, la narradora se ha transformado. La mirada se detiene en cada uno, busca el diálogo en los ojos, sus manos señalan rutas, distancias, formas, siguen al ritmo aligerado del cuerpo, de la voz que se ha impregnado de cercanías. En el cuento, entre pausas intencionadas, la palabra nos liga, nos implica, nos guiña, nos hace cómplice de uno u otro personaje, nos obliga a tomar partido. A los personajes les hace salir de este pueblo; así, cualquiera de los que escuchan sabe que puede salir al viaje del héroe, vencer todos los obstáculos, casarse con la hija del rey, llegar a la felicidad.

 

Los niños no serán vencidos ni por brujos, ni ogros, ni lobo alguno, las niñas encantadas despertarán con un beso enamorado.

Los cuentos de embustes, adivinanzas, engaños, excitan a los oyentes, los burladores burlados; esperados los cuentos de animales, que aconsejan y enseñan. El País del Irás y no volverás abre sus puertas escondidas, sus jardines de oro.

 

En la tarde que está concluyendo, Rafaela ha imantado a todos los oyentes, crecida en el respeto y en la admiración de su gente. Su fuerza, el poder de su memoria, nos ha colmado; ella es el antiguo depositario, la guardadora, la que sabe.

Y ahora que nos vamos disgregando, que cada uno vuelve a su día tras día, que el círculo mágico se ha roto y el tiempo no está detenido, que la palabra se repliega, Rafaela queda súbitamente frágil, abuela cotidiana, las manos en el regazo, callejuela terrosa, portal de adobe.

 

 

El narrador

(fragmentos)

Walter Benjamin

 

II

 

La experiencia que se transmite de boca en boca es la fuente de la que se han servido todos los narradores. Y los grandes de entre los que registraron historias por escrito, son aquellos que menos se apartan en

sus textos, del contar de los numerosos narradores anónimos.

 

Por lo pronto, estos últimos conforman do grupos múltiplemente compenetrados. Es así que la figura de narrador adquiere su plena corporeidad sólo en aquel que en carne a ambas. «Cuando alguien realiza un viaje, puede contar algo», reza el dicho popular, imaginando al narrador como alguien que viene de lejos. Pero con no menos placer se escucha al, que honestamente se ganó su sustento, sin abandonar la tierra de origen y conoce sus tradiciones e historias. Si queremos que estos, grupos se nos hagan presentes a través de sus representantes arcaicos, diríase que uno está encarnado, por el marino mercante y el otro por el campesino sedentario. De hecho, ambos estilos de vida han, en cierta medida, generado respectivas estirpes de narradores. Cada una de estas estirpes salvaguarda, hasta bien entrados los siglos, algunas de sus características distintivas. Así es que, entre los más recientes narradores alemanes, los Hebel y Gotthelf proceden del primer grupo, y los Sealsfield y Gerstäcker del segundo. Pero, como ya se dijo, estas estirpes sólo constituyen tipos fundamentales.

 

La extensión real del dominio de la narración, en toda su amplitud histórica, no es concebible sin reconocer la íntima compenetración de ambos tipos arcaicos. La Edad Media, muy particularmente, instauró una compenetración en la constitución corporativa artesanal. El maestro sedentario y los aprendices migrantes trabajaban juntos en el mismo taller, y todo maestro había sido trabajador migrante antes de establecerse en su lugar de origen o lejos de allí. Para el campesino o marino convertido en maestro patriarcal de la narración, tal corporación había servido de escuela superior. En ella se aunaba la noticia de la lejanía, tal como la refería el que mucho ha viajado de retorno a casa, con la noticia del pasado que prefiere confiarse al sedentario.

 

 

VIII

 

Nada puede encomendar las historias a la memoria con mayor insistencia, que la continente concisión que las sustrae del análisis psicológico. Y cuanto más natural sea esa renuncia a matizaciones psicológicas por parte del narrador, tanto mayor la expectativa de aquélla de encontrar un lugar en la memoria del oyente, y con mayor gusto, tarde o temprano, éste la volverá, a su vez, a narrar.

 

Este proceso de asimilación que ocurre en las profundidades, requiere un estado de distensión cada vez menos frecuente. Así como el sueño es el punto álgido de la relajación corporal, el aburrimiento lo es de la relajación espiritual. El aburrimiento es el pájaro de sueño que incuba el huevo de la experiencia. Basta el susurro de las hojas del bosque para ahuyentarlo. Sus nidos —las actividades íntimamente ligadas al aburrimiento—, se han extinguido en las ciudades y descompuesto también en el campo. Con ello se pierde el don de estar a la escucha, y desaparece la comunidad de los que tienen el oído atento.

 

Narrar historias siempre ha sido el arte de seguir contándolas, y este arte se pierde si ya no hay capacidad de retenerlas. Y se pierde porque ya no se teje ni se hila mientras se les presta oído. Cuanto más olvidado de sí mismo está el escucha, tanto más profundamente se impregna su memoria de lo oído. Cuando está poseído por el ritmo de su trabajo,  registra las historias de tal manera, que es sin más agraciado con el don de narrarlas. Así se constituye, por tanto, la red que sostiene al don de narrar. Y así también se deshace hoy por todos sus cabos, después de que durante milenios se anudara en el entorno de las formas más antiguas de artesanía.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La mujer real

 

Los modelos de belleza impuestos por los medios son formas de poder que inciden en la vida de innumerables mujeres

 

por Alicia Puleo 



Algunas veces el cine nos da auténticas sorpresas. Hace un tiempo, una comedia con un título que no auguraba demasiadas originalidades (Las mujeres de verdad  tienen curvas) conseguía, en una historia sencilla de liberación personal, poner en evidencia el carácter misógino y racista de los modelos imperantes de belleza. Nos mostraba a una joven latina en EE.UU. Sus generosas formas no cabían en los vestidos que cosía, para otras, en un taller de horarios interminables. 

Se expresaba, así, en un lenguaje visual y narrativo algo denunciado tempranamente por el feminismo y recogido por numerosas publicaciones desde la teoría crítica de género: los estereotipos de belleza femenina imponen una auténtica tiranía y un penoso calvario a numerosas mujeres que no corresponden al patrón fijado por los modistos. No parece una casualidad que se tratara de la obra de una directora (Patricia Cardoso). Ironía de un mercado que digiere cualquier disidencia: la página web en la que actualmente se comenta este film publicita inyecciones para aumentar el volumen de los senos. 

Una de las causas de la anorexia reside en la falsa disyuntiva a la que se sienten enfrentadas muchas jóvenes: adoptar un estilo “sexy” despersonalizado que exagera los atributos sexuales secundarios (induciendo incluso a intervenciones agresivas como los implantes de silicona) o presentarse como espiritualidad andrógina cuyo paradigma secreto no es, en realidad, una mujer sana y delgada, sino un varón púber. 

Al advertir, aunque sea de manera confusa, el carácter sexista, peyorativo y caricaturesco de ciertas imágenes y comentarios sobre los atributos corporales femeninos, en su deseo de afirmar su identidad como personas y no como simples objetos sexuales, algunas chicas buscan ansiosamente que el espejo les devuelva una imagen supuestamente desexualizada sin advertir que es otra cara de la devaluación social: la negación del cuerpo de las mujeres. 

Es evidente que nuestros prototipos de belleza varían históricamente y que las Tres Gracias de Rubens hoy deberían someterse a un ayuno estricto por consejo no sólo de la moda sino de la propia Medicina Dietética. Hoy sabemos que el exceso de peso tiene sus inconvenientes para la salud humana. Pero cuando sólo se trata de adaptarse a las fantasías narcisistas de algunos diseñadores, cuando las tallas y los cortes de la ropa imponen un cuerpo sin desarrollar, negado en sus formas propias, podemos afirmar que se le está robando la energía vital a las mujeres. Las dietas debilitantes erosionan la fuerza que se necesita para estudiar, trabajar, crear, tomar decisiones, divertirse, razonar, sentir y vivir en plenitud. 

La cuestión de fondo de la pasarela Cibeles sólo puede ser comprendida si se parte de la convicción filosófica y de la evidencia sociológica de que los cuerpos humanos y sus conciencias se hallan en una estrecha relación. En su libro Sexe, Race et pratique du pouvoir, la especialista francesa en racismo y sexismo Colette Guillaumin ha estudiado con agudeza la influencia de las marcas corporales en la constitución de la conciencia de los individuos y en sus relaciones sociales. No deja de ser sorprendente que, aunque una parte cada vez más importante del colectivo femenino occidental se incorpore al trabajo asalariado, los imperativos de la moda sigan exigiendo una exagerada dedicación a la apariencia personal que se agrega a la ya injusta doble jornada de trabajo (hogar y empleo) de la superwoman. 

No es la primera vez en la historia que el cuerpo femenino se ve sometido a exigencias contrarias a sus formas naturales. Entre los numerosos antecesores de la talla 36, se puede citar el corsé decimonónico o la reducción de los pies de las niñas en la tradición china. Son formas distintas de una misma visión de la mujer como elemento decorativo de movilidad reducida. Su función (no necesariamente consciente para sus impulsores) consiste en impedir o dificultar la participación activa de las mujeres en el prestigioso ámbito de lo público (de la producción asalariada, la actividad cultural, política, etc.). 

No estoy proponiendo que nos despreocupemos totalmente de nuestro aspecto. Creo que tanto hombres como mujeres, por deseo de ser aceptados, por cortesía hacia los demás y por propia satisfacción, nos sentimos concernidos por nuestra apariencia. Todo el mundo ama la belleza. No se trata de rechazarla pero sí de redefinirla de acuerdo a parámetros despojados de misoginia, más cercanos a la realidad y menos dualistas. 

Las mujeres no somos mera carne ni tampoco sombras desencarnadas. Los diseñadores de la moda deben comprender que hemos adquirido el rango de sujetos activos en una sociedad cada vez más favorable a la igualdad de oportunidades. Sus propuestas deben ofrecer posibilidades más diversificadas. Su asignatura pendiente consiste en apostar por el atractivo de las mujeres reales en su gran variedad de edades y tipos humanos. No se trata de un asunto menor. 

En una época en la que, como demostró Michel Foucault, la producción de deseos ha reemplazado a la coerción en la manipulación de los individuos, los modelos de belleza impuestos por los media son formas de poder que inciden en la vida de innumerables mujeres. Por ello, es ineludible la pregunta por el subtexto de género de la moda. Y cuando sus imperativos se vuelven tiránicos, recordar que la autoafirmación pasa por conectar con nuestro cuerpo como fuente de energía y sabiduría. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lo que se cuenta por ahí…

 

Una pelea

Me empujaron a la salida. Hubo un tumulto blanco y después de una rápida investigación quedé frente a frente con Carlos.

- ¿Qué empujás?
Se formó una rueda. Alguien gritó:

- ¡Fajálo!
Niñas aterrorizadas se sumaron al grupo.

Carlos se puso muy colorado. Manos crueles lo empujaron hacia mí.

Tito, falso caudillo y sujeto temido, me dijo:

- Dale... ¿O le tenés miedo?
    

Entonces le acomodé una piña y ahora ya sé que soy cobarde.

 

Niños, libros y lecturas, de Crónicas del Angel Gris,

Por Alejandro Dolina

 

 

Viejo verde

 

Había un termo. Que era distinto a los demás, por lo viejo y porque era verde. Un termo que no te silbaba si lo dejabas mal cerrado y que se hizo amigo cebando litros y más litros de mate. Nunca quiso llevar café con leche azucarado o jugo para un pic nic; y nunca lo obligamos.

 

Pero resulta que un día las cosas están arriba de una mesita plegable, que un tornillo se cansa de sostener y que no hay cosa apoyada que se salve. Eso pasa por tenerla siempre desplegada, me dicen algunos. Y puede que sea cierto, el tornillo contaba con recesos que no supe darle.

Igual el mundo sigue, y si uno no toma mate es fija que empiezan los problemas. Así que nos vamos de compras, unos billetes que valen casi tanto como los del juego de la vida y yo.

 

No puedo evitar sentir la traición. Un asesinato, una bolsa de plástico, un reemplazo. La sospecha entendible del barrio que susurra a medida que avanzo. Ni siquiera hacia un negocio acogedor, con dueños de edades incalculables. Voy al súper, a llevar lo que me quieran vender en otra bolsa de plástico, a intercambiar palabras apáticas con una cajera caracúlica.

Elijo el termo más feo, porque no creo en el olvido. El más barato, con la ilusión de que una sustancia tóxica se desprenda de su interior a cada mate y termine por hacer justicia.

 

Tiene Discoplús?

La tengo en el bolsillo, pero me niego a sacar provecho de la desgracia. No soy Crónica TV, aunque me agrada que digan cuántos días faltan para la primavera.

No, no tengo.

 

Rechazo la bolsa de nylon que me brinda la cajera con cartel de Carolina y me acuerdo de que en un momento las habían prohibido.

El ticket me avisa que hubiera sumado 10 puntos por la compra y me agradece por elegirlos. Yo me siento un inmundo, pero saludo cortésmente.

 

Cuando estoy de nuevo en casa me doy cuenta que es el primer termo que estreno y no estoy muy seguro acerca del protocolo de iniciación. Me pregunto si habrá que curarlo.

Lo enjuago con agua de la canilla en un rapto de lucidez, orgulloso de tan magnífica idea. El líquido entra transaparente y sale transparente y asumo que el asunto está concluido.

Todo tan rápido, sin trámites administrativos ni gastos de sepelio, que empiezo a dudar de mi tristeza. Me pregunto si seré tan cretino de olvidarlo con el primer mate y me presiento capaz de hacerlo.

Decido lo que creo más correcto y pongo manos a la obra.

 

Voy hasta el patio y recojo la bolsa negra que contiene al difunto. Lo saco, llevo las tres piezas que lo componen hasta la mesada y lo pongo de cara al nuevo para que mire.

En un horrible frenesí de muerte preparo un jugo de pera y sandía, del que es en polvo, con agua natural y una hielera entera. Lo revuelvo en el interior del recién comprado y cuando los cubos se han achicado lo suficiente lo tapo, a rosca, como a cualquier otro.

 

Los dejo uno enfrente del otro y me siento a observarlos con oscura satisfacción, sabiendo que un termo que alguna vez cargó jugo no podrá borrar la memoria de otro que no. Lo sé yo; lo sabe mi antiguo compañero; lo sabe el maldito mundo entero.

 

Por qué te fuiste, termo verde? Digo y le entrego una mirada sincera.

Por qué? Agrego sobre al final, mientras sirvo el horrible brebaje que me comprometo a terminar.

 

Manuel Yansen

 http://manuyansen.blogspot.com/

 

 

Chivos y chimentos…

 

  • Talleres de Formación de Narradores con Ana Padovani. Inicio de clases para diferentes niveles: 6 de Abril.  18:00 en Darregueyra 2274, PB B. Informes: info@anapadovani.com.ar

 

·          Taller de Narración Oral  "Aprendiendo a Contar Cuentos" (segundo nivel) por Elva Marinangeli

jueves de 17:00 a 19:00, un cautrimestre. Inicio jueves 7 de abril, 17:00 en Museo Larreta, Juramento 2291. Inscripción e informes: 4784-4040 / 4783-2640

 

  • Taller de Narración oral “Leer y contar para chicos” con  Vivi Garcia.12 encuentros los miercoles de 16 a 18, comienza el 6 de abril. Casa de letras, Peru 375 PB. info@casadeltras.com.ar  5352-3355
  • Paula Martin dictara el primero de una serie de 11 seminarios intensivos: Cuerpo y voz. El 9 de abril de 14 a 19, costo $200. Informes  sembrandocuentos@gmail.com
  • Escuela de la Palabra, dirección: Graciela Deza, inicia su ciclo 2011, “Acompañar con cuentos” ,
    primera clase e inscripcion: jueves 14 de abril a las 19 en Espacio Inboccalupo- Virrey Arredondo 2493 . informes y pre-inscripcion 4743-4188  / 4545-9042
    www.escueladelapalabra.com.ar
    info@escueladelapalabra.com.ar
  • Liliana Cinetto se va a México a contar historias y a dar charlas sobre poesía y literatura.

Pero antes de irse presento sus dos nuevos libros: La novela El espantoso monstruo del pantano, editada por Ríos de tinta. y Cuentos locos para leer poco a poco, editado por Norma.

 

·          Taller De Iniciación Al Arte De Contar Cuentos, con Marcela Ganapol.

Comienza el martes 5 de abril. Todos los martes de 18:00 a 21:00, Cuatrimestral, $120  mensuales.

En el Espacio Cultural Nuestros Hijos (ECUNHI) Av. del Libertador 8465.  www.nuestroshijos.org.ar

Informes e inscripción: 4703-5089

 

·          Taller de Narración  para Alumnos Avanzados, con Marcela Ganapol. Espacio de entrenamiento anual y con grupo reducido, para profundizar el trabajo con los cuentos y la búsqueda de un estilo y repertorio propios. Comienza el miércoles 6 de abril. Todos los miércoles de 18:00 a 20:00 en Casa Matienzo, Matienzo 3136, entre Freire y Conde, Costo mensual: $180

Informes e inscripción: marcelaganapol@fibertel.com.ar

 

·          No te quedes en el muelle, el velero Finis Terra te ofrece salidas en velero

www.velerofinisterra.com.ar  15-4424-6621 capitan@velerofinisterra.com.ar

 

 

 

 

 Los espero en casa..

 

 

 

 

 

 

 

 Los Sábados a las 22.00 (salteando semana santa)

 

Marta Lorente

presenta

Pecado Carnal

 

 

Mientras nos reencontramos recuerden y practiquen:

 

“La mujer es como la albahaca: solo rinde su fragancia si la frotas con las manos…”

                                               Kama Sutra

.

Entrada  con copa y tapas  $50

 

 

En casa de Marta

solo con reserva previa al 15-4496-1296o

 martalorente@cuentosaldia.com  

www.martalorente.blogspot.com 

 

 

 

 

 

 

 

 

Agenda de abril

 

Viernes

8

19.00

ANIMAL HUMANO, coordinan: Myriam Baglietto y Alda Salzarulo

Bien Bohemio - Sanchez de Loria 745.    Res.  49571895

Entrada ?

 

8

19.00

SIMPLEMENTE, CUENTOS con Marita von Saltzen y Vivi García.

Tinogasta 3218

Entrada libre

 

Sábado

2

17.00

LA MANTA DE LOS CUENTOS

 

 

Teatro del Pasillo–Colombres 35

 

Entrada ?

 

2

16.30

PROPUESTA DECENTE con Margarita Caffatti Rizzo y Matilde Guerrero

 

La biblioteca – M.T.de Alvear 1155 Reservas 4811-0673

Entrada $35

9

18.00

HISTORIAS ROBADAS   Elisa Vázquez  y Vivi García.

 

Av. San Pedrito 107

Consumición mínima $15

 

16

18.00

LOS CUENTOS DE LA MANZANA con alumnos del taller de narración oral de la Manzana de Las Luces

Av. San Pedrito 107

 

 

Consumición mínima $15

2,9,16 y 30

22.00

PECADO CARNAL con Marta Lorente

Comienzo ciclo 2011

Casa de Marta,

solo con reserva al 4864-3657 o

15-4496-1296

 

$50 c/ copa y tapas

Cena, plus de $60

9

19.00

RAÍCES, NOSTALGIA Y PROYECTO con Alicia “La Negra” Brunero

 

La dama de bollini - 
Pje. Bollini 2281

Entrada con dos empanadas:35$

 

Domingo

17

17.30

¡CUENTOS EN EL MUSEO! con Vivi García

Para toda la familia (niños a partir de 8 años)

 

Museo Etnográfico "Juan B. Ambrosetti" -  Moreno 350,

 Entrada Libre

 

CUENTOS AL DÍA

es una publicación   propiedad de a Lorente y José Campanari,

dirigida por Marta Lorente.

Registro de la Propiedad  Intelectual: Nº 943866

Tucumán 3610 (1189) Buenos Aires. (54) 011 4864-3657 /

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